Piscina, gimnasio y duchas

Cuando uno desea residir en un país extranjero uno no puede indignarse y criticarlo por tener costumbres muy diferentes, muy por el contrario uno debe de buscar la forma de adecuarse y tratar de asimilar y entender las costumbres que tienen las personas ahí. Esto no quiere decir que uno debe renunciar a sus propias costumbres, pero sí buscar la mejor manera en que todos podamos coexistir. 

Sucede que en Perú siempre, en cualquier lugar, las personas son muy pudorosas. Somos tímidas con nuestro cuerpo y nos han enseñado siempre que debemos de cuidarlo. A todo lugar al que he ido siempre he encontrado espacios privados en donde vestirme o ducharme. Bueno, esto NO pasa en Alemania.

Mi primer acercamiento fue una vez en el gimnasio de la universidad. Yo salí super sudorosa y decidí darme una ducha ya que el camino  a mi cuartito de 12 m2 era de aprox. 20 minutos. Al entrar escuche a una persona duchandose e inocente yo guarde todas mis cosas en mi maleta y me dirigí a la “zona de ducha” con shampoo y jabón y me encontre con dos chicas bañandose una al lado de la otra de lo más tranquilas.

Obviamente yo estaba en SHOCK y regresé inmediatamente a la zona de vestuario y esperé, dignamente a que las señoritas terminarán con su baño, me aseguré de ser la única persona en el vestuario, me metí a la ducha y me bañe rapidito. Lo más rápido que pude antes de que llegué otra persona más.

Ojo: todos los baños en todos los lugares estan siempre separados entre mujeres y hombres. Por ese lado no hay de que preocuparse. Además todos los baños cuentan con secadores de cabello, cosa que me parece super ya que salir con el cabello mojado te puede llegar a helar hasta las orejas. 

Yo salí un poco escandalizada de este vestuario universitario y decidí que así haga frío caminaría los 20 minutos a mi cuarto y me bañaría en la tranquilidad de mi baño con la puerta bien cerrada en donde sólo yo puedo ver mis partes íntimas.

Este incómodo momento ha vuelto a tomar protagonismo ya que hace dos días fui a la piscina municipal. Ingresé por la puerta de mujeres, me cambié, guardé mis cosas y buscaba la puerta hacia la piscina cuando ví este letrero “Hacia la piscina” y abrí la puerta y vi a una señora y a su niña calatas bajo la ducha. En ese momento dije, obviamente esta NO es la entrada a la piscina. Al final si era. Y al terminar mi hora de natación me tuve que enfrentar y ganar valor para entrar a las duchas.

Abrí la puerta, colgué mi toalla, me bañé con la cortina bien cerrada y cuando terminé dije: Donde esta mi toalla? . Entonces, caminé dignamente tratando de tapar (en lo posible) mis partes intimas con lo que era mi ropa de baño ante la mirada de una señora y su pequeña, me la puse y zas, salí disparada de ahí muerta de vergüenza.

Al fin caí en la cuenta de que tarde o temprano tendré que acostumbrarme a esto de ventilar mis teteras y mi florecita por los vestuarios, o a encontrar un buen lugar para mi toalla en la ducha.

 

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